miércoles, 7 de enero de 2026

Hay momentos en la historia de la humanidad en los que alguien tuvo una idea tan ridículamente brillante que te hace cuestionar toda tu existencia. Newton vio caer una manzana y entendió la gravedad. Arquímedes se metió en la bañera y gritó “eureka” desnudo por la calle. Y en mil novecientos noventa y ocho, un tipo en Renault dijo “¿y si agarramos un Clio, le sacamos los asientos de atrás, y le metemos un motor V6 en el medio como si fuera un Ferrari?” Y nadie lo paró. Nadie le dijo que estaba loco. Nadie ejerció el más mínimo sentido común.

Y así nació el Renault Clio V6, probablemente el auto más innecesario, más impractical, más absurdo y más genial que salió de Francia desde que alguien decidió que comer caracoles era buena idea.

La Filosofía del Absurdo: Por Qué Alguien Haría Esto

renault clio v6 fase 1
El Renault Clio V6, en su primera versión, traía un motor V6 de 3,0 L y 226 CV.

Para entender el Clio V6 tenés que entender primero qué es un Clio normal. Es un auto chico, francés, económico, que tu tía usa para ir al supermercado y tu primo compró usado porque era lo único que le alcanzaba después de cambiar el Gol Trend. Es sensato. Es práctico. Tiene cinco puertas, cinco asientos, y un baúl donde entra la compra del mes.

Ahora imaginá que agarrás ese auto, le sacás los asientos traseros, le sacás el motor adelante, le metés un V6 de tres litros en el medio donde deberían ir los chicos, ensanchás las butacas como si el Clio hubiera ido al gimnasio durante seis meses, le ponés llantas de diecisiete pulgadas que sobresalen como músculos, y lo configurás con tracción trasera como los autos de carrera.

Es como si tu tía llegara un día a casa con tatuajes en los brazos, una Harley Davidson, y te dijera que renunció al trabajo para ser rockera. No tiene sentido. Va contra todo lo que esperabas. Pero de alguna manera, funciona.

El Clio V6 es la respuesta de Renault a una pregunta que nadie hizo: ¿qué pasa si hacemos un hot hatch que técnicamente no es un hatch porque no tiene espacio para nada, y que es hot al punto de ser un peligro público? La respuesta es: algo hermoso y aterrador a partes iguales.

renault clio v6

El Origen: De un Twingo con motor Ferrari a la realidad

La historia del Clio V6 empieza con otra idea aún más demente. Axel Breun, el diseñador que eventualmente crearía este monstruo, originalmente pensó en agarrar un Renault Twingo, ese autito chiquito que parece un huevo con ruedas, y ponerle el chasis y motor de un Ferrari 308 debajo. Un Twingo. Con motor Ferrari.

Dejá que eso se asiente un segundo. Un auto que cuesta menos que un lavarropas, con mecánica de un superdeportivo italiano que vale más que una casa. Es el tipo de idea que se te ocurre después de la tercera botella de vino, cuando todo parece posible y las leyes de la física son solo sugerencias.

Por suerte, o tal vez por desgracia, alguien en Renault dijo “mmm, el Twingo es muy chico, pero ¿y si usamos el Clio?” Y ahí nació el proyecto. En1998, Renault llevó el prototipo al Salón del Automóvil de París. La idea era simple: revivir el espíritu del legendario Renault 5 Turbo de los ochenta, ese auto de rally del Grupo B que también tenía el motor atrás y estaba completamente loco.

La gente lo vio y pensó que era solo un concept car, uno de esos autos de fantasía que las marcas muestran para generar prensa y después nunca fabrican. Pero Renault estaba en otra. Dos años después, en el 2000, empezaron a vender el Clio V6 de verdad. Lo podías comprar. Con tu plata. Y metértelo en tu garage.

renault clio v6 motor
El motor iba en posición central, em lugar de los asientos traseros..Para qué los querés?

La Mecánica: Un V6 Donde No Debería Haber Nada

El corazón de este proyecto de ingeniería demencial es un motor V6 de tres litros que Renault sacó del Laguna, un sedán familiar aburrido que tus viejos tendrían. Pero en vez de dejarlo tranquilo adelante empujando las ruedas delanteras como corresponde, lo agarraron, lo pusieron en el medio del auto justo detrás de los asientos, y lo hicieron empujar las ruedas traseras.

Este motor, que en el Laguna hacía su trabajito sin molestar a nadie, acá fue despertado a las piñas. Le cambiaron los pistones, aumentaron la relación de compresión, y lo dejaron gritar hasta siete mil cien revoluciones. En la primera fase, el Clio V6 Fase Uno como lo llamaron, desarrollaba doscientos treinta caballos de fuerza. No parece mucho para los estándares de hoy, pero acordate que esto pesaba mil trescientos kilogramos. Era como ponerle un motor de moto a un carrito de supermercado.

La caja de cambios era manual de seis velocidades, hecha específicamente para este proyecto. Nada de automáticas ni de doble embrague. Agarrabas la palanca, metías primera, y el auto te preguntaba si estabas seguro de lo que estabas por hacer. Porque una vez que pisabas el acelerador, el V6 se despertaba con un rugido que no tenía nada que ver con un auto chico francés. Sonaba gutural, profundo, italiano casi. Sonaba a que algo muy serio estaba por pasar.

Acelerar de cero a cien tomaba seis punto cuatro segundos en la Fase Uno. La velocidad máxima era doscientos treinta y seis kilómetros por hora. Para poner eso en perspectiva, un Golf GTI de esa época hacía cero a cien en ocho segundos. El Clio V6 era dos segundos más rápido que un auto que ya era considerado rápido. Y todo esto en un paquete que técnicamente seguía siendo un Clio.

renault clio v6 fase II
El Renault Clio V6 Fase II conservaba el V6 de tres litros, pero ahora desarrollaba 255 HP. Subieron el límite de revoluciones a 7150 RPM. El 0 a 100 bajó a cinco punto ocho segundos. La velocidad máxima subió a246 km por hora

La Fase Dos: Cuando decidieron que no era suficientemente loco

En 2003, Renault miró al Clio V6 y pensó “está bien, pero ¿y si lo hacemos más extremo?” Así nació la Fase Dos, una versión mejorada que básicamente tomó todo lo que hacía especial al original y lo subrayó con marcador fluorescente.

El motor seguía siendo el mismo V6 de tres litros, pero ahora desarrollaba 255 HP. Subieron el límite de revoluciones a 7150 RPM. El 0 a 100 bajó a 5.8 segundos. La velocidad máxima subió a 246 kilómetros por hora. Las llantas crecieron a 18 pulgadas. La suspensión se puso más rígida. El auto se volvió más ancho, más agresivo, más de todo.

Pero lo más importante es que Renault tomó control de la producción. La Fase Uno se había fabricado en Inglaterra, en las instalaciones de TWR, la misma gente que hacía el Aston Martin DB7 y que tenía un equipo de Fórmula Uno. Para la Fase Dos, Renault llevó la producción a Francia, específicamente a Dieppe, donde estaba la antigua fábrica de Alpine. Sí, Alpine, la marca de deportivos franceses que hacía autos de rally y carreras. Era como volver a casa.

Renault Clio V6 fase II
La disopsicón del motor central en el Renault Clio V6, donde estarían los asientos traseros.

La practicidad: O la falta total de ella

Acá viene la parte donde el Clio V6 te pregunta cuánto estás dispuesto a sacrificar por la diversión. La respuesta es: todo. Sacrificás todo.

No hay asientos traseros. Donde normalmente se sentarían los pasajeros de atrás, hay un motor V6 rugiendo a centímetros de tu cabeza. Si querés llevar a tus amigos, que vayan en otro auto. El Clio V6 es para vos y un acompañante, y ese acompañante mejor que sea alguien que realmente aprecie lo que está pasando.

El baúl adelante, donde normalmente estaría el motor, tiene espacio para poco más que un bolso de mano. Olvidate de hacer las compras del mes. Olvidate de irte de vacaciones. El Clio V6 no es para eso. Es para salir el domingo a la mañana, buscar una ruta con curvas, y recordar por qué te gustan los autos.

El consumo de combustible era brutal. Hablamos de 11,9 litros cada 100 kilómetros en uso “normal”, que en un auto como este significa manejarlo como tu abuela. Si le metías ganas de verdad, podías fácilmente quemar 21 cada 100. Para un auto chico, era una bestia sedienta.

 

Y el ruido. Dios, el ruido. El motor estaba literalmente detrás de tu cabeza, separado por una ventanita de plástico transparente que te dejaba ver las tapas de válvulas. Cuando acelerabas, el V6 gritaba tan fuerte que tenías que subir la música al máximo para escuchar algo. Y ni siquiera te molestabas, porque el sonido del motor era mejor que cualquier canción.

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El interior del Renault Clio V6 Fase II
Renault Clio V6 Fase I
Interior del Renault Clio V6 Fase I

El Precio: Como un Porsche, pero en francés

Cuando salió, el Clio V6 Fase Uno costaba alrededor de 50 mil dólares. La Fase II costaba 60 mil. Para poner eso en perspectiva, un Porsche Boxster de esa época costaba más o menos lo mismo. Por el precio de un deportivo alemán con pedigrí y prestigio, podías tener un Clio con esteroides.

Y acá está la cuestión filosófica: ¿qué comprás? Si comprás el Porsche, estás comprando ingeniería alemana, historia, el escudo, la marca. Estás comprando la aprobación social. Nadie te va a cuestionar. Todos van a asentir con aprobación cuando estaciones en el country.

Pero si comprás el Clio V6, estás comprando algo completamente diferente. Estás comprando una declaración. Estás diciendo que no te importa lo convencional, que preferís la emoción sobre el prestigio, que estás dispuesto a sacrificar practicidad por diversión. Estás comprando un auto que fue hecho no porque tenía sentido comercial, sino porque alguien pensó que estaría bueno.

Y esa es la belleza del Clio V6. No era un producto de marketing. No salió de focus groups ni estudios de mercado. Salió de ingenieros y diseñadores que tenían una idea loca y se les dio la oportunidad de hacerla realidad. En la era moderna, donde todo está calculado hasta el último detalle para maximizar ventas, el Clio V6 es un recordatorio de que a veces la mejor idea es la que no tiene sentido.

El Legado: sólo 2.822 razones para extrañarlo

Entre 2000 y 2005, Renault fabricó exactamente 2.822 unidades del Clio V6. De esas, 1.531 eran de la Fase I, 1.309 de la Fase Dos. Eso es todo. No hay más. La producción terminó y nunca volvió.

Hoy, esos 2.822 autos son objetos de culto. Los precios se duplicaron, triplicaron en algunos casos. Un Clio V6 en buenas condiciones vale más ahora que cuando salió nuevo. Los coleccionistas los buscan desesperadamente. Jeremy Clarkson dijo que en su garage perfecto de diez autos, definitivamente tendría uno de estos. Eso es como el Vaticano canonizando un santo.

¿Por qué? Porque representan algo que ya no existe. Representan una época en la que las automotrices todavía se animaban a hacer locuras. Hoy todo es calculado, seguro, diseñado para vender en masa. Los autos modernos son increíbles desde el punto de vista tecnológico, pero tienen menos alma. Son perfectos, y justamente por eso son aburridos.

El Clio V6 no era perfecto. Era nervioso, demandante, ruidoso, impractical. Pero tenía personalidad. Tenía carácter. Manejarlo no era como manejar cualquier otro auto. Era una experiencia. Cada vez que lo prendías, sabías que algo interesante iba a pasar.

La Lección: A Veces Lo Absurdo es Lo Mejor

Si el Renault Clio V6 nos enseñó algo, es que no todo en la vida tiene que tener sentido. No todo tiene que ser práctico, eficiente, racional. A veces la mejor decisión es la que todos te dicen que no hagas. A veces la idea más brillante es la que parece más estúpida al principio.

¿Tenía sentido comercial poner un motor V6 en medio de un hatchback compacto? No. ¿Era práctico? Para nada. ¿Era necesario? Absolutamente no. Pero fue glorioso. Fue memorable. Fue especial.

En un mundo donde todos los autos empiezan a verse iguales, donde la electrificación está homogeneizando todo, donde la inteligencia artificial y las regulaciones están matando la espontaneidad, el Clio V6 es un recordatorio de tiempos más simples. Tiempos en los que alguien podía tener una idea loca un viernes a la tarde, y para el lunes ya había un equipo trabajando en hacerla realidad.

Renault nunca va a hacer otro Clio V6. Las regulaciones de emisiones no lo permitirían. Los costos de desarrollo no se justificarían. Los abogados tendrían un ataque. Y probablemente, el mundo sea un lugar más seguro y eficiente sin él.

Pero también es un lugar un poco más aburrido. Un poco menos especial. Un poco menos dispuesto a arriesgarse en nombre de la diversión pura.

Así que si alguna vez ves un Clio V6 en la calle, pará, miralo bien, y agradecé que viviste en una época en la que existieron estos autos. Porque autos así no se van a volver a hacer. Y el mundo va a ser un poco más gris sin ellos.

 
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